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El orgullo de ser hispano

Opinión 23 de agosto de 2020 Antonio Moreno Antonio Moreno
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Me siento orgulloso de que formen parte de mi historia (que es una historia universal) Juan Garrido, Juan Valiente y Miguel Ruiz, conquistadores negros; así como de los tlaxcaltecas, zapotecas, tarascos, otomíes, chancas, cañaris o chachapoyas que fueron conquistadores indios; así como de Francisco Fajardo y los conquistadores mestizos. Y no me olvido de cómo el mestizo Agualongo y el indio Cisneros, así como los mestizos y los indios de la isla de Chiloé, o así como los negros de la Nueva Granada, resistieron hasta la extenuación los planes secesionistas. Ellos nos dieron el ejemplo como pioneros o como resistentes.

Me siento orgulloso de la Roma que nos dio la forja y la vocación universal, la misma que nos dio la raíz de un idioma y un derecho por y para ser nosotros mismos.

Siento orgullo también de los intrépidos viajes andaluces y de los potentes astilleros vizcaínos.

Dentro de este orgullo, quiero mencionar a las Islas Canarias como sempiterno puente euramericano; y por supuesto, también del idioma que nació en Castilla para hacerse universal. que es el idioma que a la postre tienen que usar desde indigenistas hasta separatistas ibéricos para odiarse a sí mismos.

En mi conciencia está el Atlántico que comienza en la marisma de Doñana anunciándose como Mare Nostrvm, uniendo toda la franja occidental peninsular, desde el Finisterre galaico. Y por supuesto, también evoco a la  nobleza inca o de los descendientes de Moctezuma que fueron reconocidos como títulos de Castilla.

Quiero acordarme de unos acordes musicales que, cristalizados en el barroco especialmente a través del fandango antiguo, han creado una interacción universal influyendo a diestro y siniestro, y que todavía palpamos entre marineras o sevillanas.

Quiero acordarme de cómo la tortilla o el gazpacho, o tantos otros platos característicos de la gastronomía ibérica, llevan a América dentro.

Quiero acordarme de esa arquitectura soberbia que se ha ido cincelando entre pinceladas góticas, mudéjares, clasicistas o barrocas, reconociéndose por todo el mundo como crisol artístico único.

Quiero acordarme de aquellos que por toda Norteamérica, sin complejos, de una manera entrañable, reclaman su herencia hispánica.

El hispanismo (pero el de verdad, no el de los frikis pedantes y amanerados dizque academicistas) será la causa del siglo XXI, porque es lo único que nos queda por defender. Porque es lo único que realmente vale la pena. Los ingleses lo vieron claro ya en el siglo XVIII: A España hay que vencerla en América, no en Europa. Por algo dijo Federico García Lorca que el español que no ha estado en América no sabe qué es España, y por algo dijo Ramón del Valle-Inclán que el alma de España había que buscarla en México. Algo de eso hay.

Somos un pueblo cautivo, esparcido y alienado. Nos han querido quitar hasta el alma. Pero tengamos fe y esperanza, que por algo el poeta Rubén Darío nos dejó la salutación del optimista. Y aunque sea como dijo Bernardo de Gálvez: "Yo solo". Sigamos nosotros adelante, que así le quitaremos el miedo a los que nos sigan.

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