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LIBERTADES INTANGIBLES PERDIDAS

Canarias 13 de julio de 2020 Antonio Bueno
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 Todos los que ya tenemos cierta edad podemos recordar aquellos fines de semana en que nos íbamos con nuestros amigos, o con nuestras familias, de excursión o incluso de acampada, a lugares maravillosos de esta isla de Tenerife. Llegaba el Viernes por la tarde, y sobre la marcha planificábamos e improvisábamos un día o todo el fin de semana en estos entornos.

 Pero un día, a alguno de nuestros políticos se le ocurrió acondicionar una de esas zonas, con la excusa de que de esa forma sería más seguro para los visitantes. Muchos aplaudieron la iniciativa, pero a otros nos produjo cierto recelo. ¿Por qué había que tocar nada de la naturaleza para hacerla más segura? ¿Si nuestros barrancos y montañas fueron siempre así no era mejor dejarlos como estaban? Lo cierto es que con el tiempo, al ver que las intervenciones no eran invasivas y estéticamente no empeoraban el paisaje, fuimos aceptando que era una realidad y que lo hacían por el bien de todos los visitantes.

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 Pero con el tiempo hemos podido ir comprobando como, lo que se hizo con intención de ofrecer una mayor seguridad, acabó por limitar la libertad de todos los que en esta isla vivimos. Y me explico:

 Pongamos un ejemplo, Barranco del Infierno, en el municipio sureño de Adeje. El proceso es el siguiente:

1 – Acondicionamiento del sendero para mayor seguridad de los visitantes.

2 – Dado que es más seguro, aumentan los visitantes. Incluso se organizan excursiones turísticas para visitarlo.

3 – Este aumento de visitas provoca un deterioro en el entorno.

4 – La administración responsable de dicho espacio se ve obligada a limitar el acceso para que no siga deteriorándose. Hay que solicitar permiso, con antelación, para acceder.

5 – Hemos perdido otro pedacito de libertad. Ya no podemos improvisar y planificar en el momento.

 Este mismo proceso lo podemos observar en el Barranco de Masca, en el acceso al pico del Teide gracias al Teleférico, o en senderos como El Pijaral en las cumbres de Anaga. Empezamos acondicionando, y terminamos limitando.

 Viendo esta consecuencia desde la distancia he vuelto a preguntarme lo mismo que en el pasado, ¿Por qué había que tocar nada de la naturaleza para hacerla más segura? ¿Si nuestros barrancos y montañas fueron siempre así no era mejor dejarlos como estaban?, y a lo que ahora añado, ¿es posible poner puertas al campo? Pues en esta isla parece que sí, que es posible. O más que posible, ya es una realidad.

 Por supuesto que no me vengan con que ahora se puede visitar igualmente “pidiendo permiso”, porque esa solicitud implica el no poder improvisar y decidir sobre la marcha si nos vamos a este sitio o a este otro. Tal como hacíamos antaño, que en el mismo día, un grupo de amigos amantes de los espacios naturales, decidíamos irnos a dormir a la Playa de Masca, y cogíamos nuestras mochilas sobre la marcha y para allá que nos íbamos. Hoy en día, esa improvisación, que yo llamaría libertad, ha desaparecido. Todo ha de ser planificado con días de antelación porque hay que solicitar permiso, y sólo si te lo conceden, podrás llevar a cabo la visita. 

 En definitiva, otro espacio “intangible” de libertad que hemos perdido. Y todo ello en nombre de la seguridad (Prevención) del visitante. Pues qué os digo queridos políticos insulares, prefiero ir a lugares más peligrosos en libertad, que a lugares “acondicionados” como si de un rebaño de cabras se tratara. Mi libertad, y la de todos, está por encima de cualquier otra consideración. Más viviendo en una isla, donde la propia geografía ya nos limita.

 Bastaba con poner algunos carteles de advertencia sobre la dificultad y lo peligroso de la zona, pero no, considerasteis que era mejor gastar un montón de dinero en “poner puertas al campo”. Por favor, dejar la naturaleza tal como está y como ella misma se ha creado. Seamos nosotros los que nos adaptemos a ella, y no al contrario.

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Sé que muchos también me vendrán con el manido discurso de que “todos tenemos derecho a visitar por igual esa zona, por lo que es conveniente que se acondicione para que todos podamos transitar por ella. Puesto que hay personas mayores, o personas con alguna discapacidad, que de otra forma no podrían.” Pues a ver, yo tampoco puedo hacerme un viaje a la Luna, aunque otros si hayan podido visitarla. Entonces, ¿qué hacemos?, ¿habilitamos teleféricos en el resto de montañas de nuestro país para facilitar el acceso a sus cumbres con seguridad a todos? O mejor aún, ¿ponemos escaleras mecánicas en todas las cuevas de nuestro país para poder acceder sin necesidad de descolgarse con una cuerda puesto que hay personas que esto no podrían hacerlo?

 Los senderos de alta dificultad, así como las cumbres de nuestras montañas, o el interior de las cuevas de nuestro territorio, son lugares que la naturaleza ha creado, entre otras cosas, para que el ser humano pueda poner a prueba sus capacidades físicas y personales. Son lugares reservados para los más intrépidos y esmerados del conjunto de todos nosotros. No son parques temáticos a donde llevar turistas (cómodamente) para hacer caja.

  Dejemos ya de vender nuestros espacios, de poner puertas al campo, y de recortar nuestras libertades “intangibles”. 

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Antonio Bueno

 

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