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Ángel Sainz Briz, embajador del gobierno de Franco, “Justo entre las Naciones” por mucho que le duela a los progres

Durante la segunda guerra mundial fue embajador de España (1944) en la capital húngara. Desde su puesto y sirviéndose de mil artimañas salvó la vida a 5200 judíos.

Érase una vez... 15 de junio de 2020 José Vicente Pascual
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El pasado 11 de junio se cumplieron 40 años del fallecimiento de Ángel Sanz Briz, "el ángel de Budapest". Puede que a muchos españoles no les suene su nombre.

Durante la segunda guerra mundial fue embajador de España (1944) en la capital húngara. Desde su puesto y sirviéndose de mil artimañas salvó la vida a 5200 judíos, los cuales, sin su ayuda, habrían acabado en campos de concentración. El recurso que más utilizó fue el de facilitar documentación con la nacionalidad española a ciudadanos húngaros judíos, alegando su pertenencia a la comunidad sefardí.

Esto era legalmente posible gracias al Decreto de 20 de diciembre de 1924, sancionado por el Directorio Militar de Primo de Rivera, que otorgaba nuestra nacionalidad a "antiguos protegidos españoles o descendientes de éstos, y en general individuos pertenecientes a familias de origen español que en alguna ocasión han sido inscritas en Registros españoles..."; en clara referencia a los judíos expulsados de España tras los decretos de conversión firmados por los Reyes Católicos en 1490 y 1492.

Todo hay que decirlo: las autoridades alemanas y húngaras de la ocupación IGNORABAN que este Decreto había sido ABOLIDO por el primer gobierno de la República, en 1931. Cosas de la vida.

En el tercer distrito de Budapest, la avenida "Ángel Sanz Briz" recuerda su nombre, así como un monolito y una placa erigidas en su memoria.

El gobierno de Israel lo nombró "Justo entre las Naciones" en 1989.

El gobierno de Hungría le concedió a título póstumo la Gran Cruz de la Orden al Mérito Civil en 1994.

Tras la guerra mundial tuvo varios destinos diplomáticos. Fue el primer embajador de España en China. Su último empleo fue la embajada del Vaticano (1976), hasta su fallecimiento en 1980.

Oskar Schindler, empresario y espía alemán, además de miembro del Partido Nazi, salvó la vida de unos 1200 judíos durante el mismo período, empleándolos como trabajadores en sus fábricas de menaje de cocina y munición, ubicadas en lo que hoy son Polonia y República Checa. Su historia seguro que os resulta más familiar.


Naturalmente, la figura de Ángel Sanz Briz ha quedado prácticamente olvidada en España, ninguneada en el relato progre-maniqueo que las élite socialistas y comunistas intentan establecer sobre “buenos” y “malos” en nuestra historia. Una historia a la que odian y de la que sólo saben rescatar personajes siniestros que trajeron miseria, desolación y muerte a España. No hace falta mencionar nombres para acreditar esta última afirmación. Personas de la talla humana y la calidad universal de Ángel Sainz Briz les incomodan. En este caso por una razón evidente: era embajador del gobierno de Franco. Para nuestra dirigencia cultural, todo lo que no sea cainismo y guerracivilismo es fascismo. En el combate de las ideas, rememorar gestas como la de este hombre, “Justo entre las Naciones”, es un objetivo prioritario y una causa tan justa como Justo fue él.

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