Verdades Incómodas Verdades Incómodas

Don Pelayo: Resistencia y Reconquista

Érase una vez... 10 de junio de 2020 Antonio Moreno Antonio Moreno
800px-Flag_of_the_Kingdom_of_Asturias.svg

En el año 711, el ejército musulmán integrado por bereberes como Tarik Ben Ziyad y comandado por árabes como Muza cruzó el Estrecho de Gibraltar para enfrentarse al ejército del Reino Visigodo de Toledo, derrotando al ejército del rey Don Rodrigo en la batalla de Guadalete tras una traición interna liderada por los familiares de Witiza. 

Lo que parecía una razzia se convirtió en conquista, y pocos años después, los mahometanos se expandían por la Península Ibérica hasta llegar al norte. Con todo, como dice el historiador Daniel Gómez Aragonés, el Reino Visigodo no murió en Guadalete y se refugió en Asturias, siendo que en aquella tierra de enclaves montañosos aparece un personaje al que los moros identifican como “Belai al rumi” (esto es, “Pelayo el romano”). La historia de España lo ha dado a conocer como Don Pelayo. Algunos dicen que fue espatario en la corte de Toledo, otros lo hacen descendientes de reyes godos, otros de un importante duque del norte… Sea como fuere, cuando las tropas musulmanas avanzaban ensoberbecidas, Don Pelayo lideró una resistencia que culminó en la victoria de la batalla de Covadonga, hacia el año 722. Los musulmanes no le dieron demasiada importancia a este hecho, hablando de “asnos salvajes”. Sin embargo, para los cristianos, fue una gran inyección moral, pues vieron que aquel gran ejército invasor al que asimismo se acomodaban muchos peninsulares no era invencible. Así, gracias a esta resistencia que pronto se extendió por lugares vecinos y seguiría la ruta de los Pirineos, los mahometanos se vieron frenados en sus pretensiones expansionistas y teniendo que atender una resistencia en Asturias y en oriente el poderío bizantino, se fueron replegando aun manteniendo un extenso dominio. 

En Asturias se mantuvieron las cruces de factura visigótica, de los ángeles y la victoria, así como el santuario de Covadonga apunta a una presencia gótica y rupestre anterior; reforzando la idea de continuidad que defiende Daniel Gómez Aragonés, así como de “restauratio” que vemos en los antiguos cronistas. 

Don Pelayo pudo haber tenido una vida muy cómoda pactando con los invasores y renunciando a su identidad. Así se lo hicieron saber propios y extraños, incluidos clérigos traidores. Empero, desoyó todos los posibles cantos de sirena y se dedicó a defender la esencia hispano-cristiana que acabó trasladando los usos toledanos a Asturias, forjándose así el acervo de la monarquía que habría que culminar en la unión dinástica de los Reyes Católicos. 

En estos tiempos tan duros, convulsos y confusos, Don Pelayo es un símbolo de resistencia y reconquista, un ejemplo de convicción y lealtad y un espejo en el que siempre mirarse. Un personaje clave de nuestra historia que quieren que olvidemos o incluso que nos insultan; pero para eso estamos, para pregonar las verdades incómodas. Mas como dice el lema que defendieron aquellos bravos cristianos atrincherados en el norte, “hoc signo tuetur pius, hoc signo vincitur inimicus», es decir, “con este signo se protege al piadoso, con este signo se vence al enemigo”. 

Que la inmortalidad de este espíritu nos guíe hacia el futuro.

¡Honor y gloria a Don Pelayo! ¡Honor y gloria a todos los héroes de nuestra fecunda historia! 

Te puede interesar

Lo más visto

Newsletter