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Romanidad hacia Europa e hispanidad hacia América

Opinión 27 de mayo de 2020 Antonio Moreno Antonio Moreno
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Luego de leer “Europa y el alma del Oriente” de Walter Schubart, autor alemán que, entre otras cosas, compara a los rusos con otros pueblos de Europa (incluidos los españoles), me cercioré de sospechas que mantenía de hacía años, y es el yerro que cometemos en España al compararnos con naciones cuya geografía, lógica e histórica poco o nada tienen que ver con nosotros. Hacemos mal al compararnos con nuestros vecinos franceses y más con complejo de inferioridad, como si la historia de Francia fuera inmaculada… Con todo, Francia tiene una base latina con la que siempre podremos tener cierta afinidad. De hecho, raro es el francés que no tiene en su genealogía algo de español y viceversa. En cambio, peor todavía vamos si nos comparamos con una nación eslabón del centro y el norte de Europa como es Alemania, o como una isla comandada por Inglaterra como es el Reino Unido. 

Las comparaciones son odiosas, pero más odiosas se hacen todavía si se hace sin orden ni concierto.

Históricamente, Rusia ha sido para España “terra incognita” y al final acabamos encontrándonos entre California y Alaska y enfrentados en la frontera norteamericana. Con todo, América es para España lo que Rusia es para Siberia, y eso lo supieron ver los británicos desde el siglo XVIII, acuñando que “a España hay que vencerla en América y no en Europa”. Si en algo podemos compararnos con Rusia es en haber sido tierra de frontera y salvaguarda del continente europeo.  

Sin embargo, poco sabemos y valoramos de Italia y Grecia en nuestro contexto europeo, y desde los años 80 del siglo XX, nos entró una suerte de complejo de superioridad de nuevo rico europeo para con una Hispanoamérica a la que miramos por encima del hombro, como si nosotros fuéramos muy listos, desarrollados y modernos y ellos unos exóticos atrasados. Y lo que estamos haciendo con esta mentalidad desubicada e impostada es perder el norte de nuestra genuina vocación, que debería ser la defensa de la romanidad en Europa y la hispanidad en América como partes de un todo, porque España no se explica sin Roma ni América. 

Tenemos la suerte por nuestra historia y por nuestra geografía de tener una geopolítica bien definida. Para el siglo XXI, hay que darle fondo y forma. Vayamos a nuestra psique y a nuestros intereses, por nuestra senda, y abandonemos de una vez por todas el complejo de inferioridad y las comparaciones odiosas; que conociendo nuestra historia como Dios manda, iremos mejor a por el futuro.

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