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Defendiendo los valores tradicionales en Europa

Internacional 18 de mayo de 2020 Antonio Moreno Antonio Moreno
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Barack Hussein Obama llegó a ridiculizar a una parte sustancial de la sociedad estadounidense cuando habló de “gente que tiene una Biblia y un rifle”. Ese ninguneo no lo inventó Obama, mas entre una cosa y otra, le acabó costando caro al progresismo norteamericano, pues en buena medida, muy diversos sectores sociales auparon a Donald Trump a la presidencia; amén de por hartazgo de malas políticas y crisis económicas, por una afirmación de su espiritualidad e identidad. Desde los años 70, acaso como resaca de mayo del 68, el marxismo cultural se pertrechó en las universidades y a través de agresivos grupos de presión impuso su agenda abortista, de género y demás experimentos de ingeniería social impuestos siempre violentamente, ya sea desde la imposición burocrática o desde el desorden callejero. 

En Estados Unidos la sociedad no está tan secularizada como en Europa. Donald Trump no ha vacilado en apoyar la Marcha por la Vida de Washington, saludando abiertamente a las personas religiosas. Sin embargo en Europa, por encima de las siglas (que al final no son sino instrumentos), despiertan cada vez más interés los líderes que defienden la vida, la familia, la propiedad, la tradición y la libertad sin complejos. El húngaro Viktor Orbán es un gran referente al respecto, máxime desde su historia de luchador anticomunista frente a la ocupación criminal de la Unión Soviética; imperialismo del que nunca veremos quejarse a los progres. Su partido Fidesz (Unión Cívica Húngara) está integrado dentro de los europeos. Vox, empero, se posiciona con el Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos, codo con codo con Fratelli d´Italia y los polacos de Ley y Justicia. 

Obsérvese que tanto los líderes húngaros como los polacos son cruentamente criticados por la progresía europea, y es que no en vano fueron países que plantaron cara en la Unión Europea a la suicida política de inmigración musulmana masiva que Angela Merkel; países que, de hecho, no han sufrido lo que otros países de la región, defendiendo una inmigración ordenada y preferentemente cristiana (en el caso de Polonia, se cuenta con dos millones de inmigrantes entre bielorrusos y ucranianos). Hungría y Polonia integran, además, el llamado Grupo de Visegrado con Chequia y Eslovaquia. En Chequia el Partido Democrático Cívico y en Eslovaquia el partido Libertad y Solidaridad, integrados en el Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos, tienen una clara sintonía con la defensa del sentido común y de los valores genuinos de Europa. 

Asimismo, en una Grecia castigadísima por las pésimas políticas socialistas surge el partido Solución Griega también se integra en esta alianza europarlamentaria.  

Fratelli d´Italia está liderado por la valiente y carismática Giorgia Meloni, quien fuera militante del Movimiento Social Italiano y a posteriori, joven ministra de la república transalpina. En una Italia atenazada por la deuda, la falta de soberanía y la corrupción, Meloni lanza un mensaje claro en defensa de los intereses nacionales así como de sus valores históricos y culturales frente al globalismo apátrida. La experiencia militante de Meloni se implementa en su liderazgo para con los encuentros “Atreju”, los cuales se han convertido en actos políticos de referencia para toda Europa desde la tradición militante italiana. En el 2019 pudieron participar Santiago Abascal y Viktor Orbán entre muchos otros, generando una sincera oleada de entusiasmo en una Europa cansada de la postración a la que la llevan los dictados progresistas prefabricados desde despachos ineficientes. 

Los programas de Vox y de Fratelli tienen bastante sintonía entre ellos; siendo que no en vano, España e Italia representan con mucha fuerza el legado de la romanidad en Europa. 

No hay que echarse atrás, sino al contrario: Es posible la defensa de los valores tradicionales en Europa. Nuestro Viejo Continente no está condenado fatalmente a caer presa de la baja natalidad y de los dictados del neomarxismo y aquellos que le son funcionales, ya sean liberprogres o derechitas cobardes. Nadie auguraba que en una España tomada por el Foro de Sao Paulo Vox emergiera como la tercera fuerza política del país, pero así ha sido. Y Vox no está solo, al contrario, está muy bien acompañado. 

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