Verdades Incómodas Verdades Incómodas

España como reflexión atlántica

Opinión 14 de mayo de 2020 Antonio Moreno Antonio Moreno
FlotaIndias15

ESPAÑA COMO REFLEXIÓN ATLÁNTICA 


Leyendo unos versos lapidarios de Juan Ramón Jiménez:

"… Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará nostáljico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando."

 

Juan Ramón Jiménez era de Moguer, tierra que en Doñana ya empieza a intuir un paraíso terrenal; un paraíso que dibuja sus líneas hasta llegar a Almonte y Moguer, donde a la sazón va a desembocar el Guadalquivir, entregándose al Atlántico, sin olvidar ni obviar al Guadiana, que se entrega en el mismo océano. Si bien nunca me ha inspirado excesivamente el verano; sin embargo, quiero cerrar los ojos y evoco los primeros veraneos en Matalascañas, cuando salía a pasear con mis padres y mi hermana por la noche, aspirando la atlántica brisa que se entromete por la suavidad de las arenas, y ansioso de ver algún puesto que me permitiera devorar tebeos: El Capitán Trueno, Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, El botones Sacarino, Pepe Gotera y Otilio... Y algunos más que me dejaré en el tintero. Empero, ya se vislumbraba ahí mi afición por la lectura; afición que con el tiempo, se convertiría en toda una vocación.

Y antes de Matalascañas está Pilas, pueblo que se mete en Doñana al igual que Aznalcázar, Villamanrique o Hinojos; pueblo de donde procede una rama de mi familia y donde siempre me he sentido muy a gusto.

Tampoco es cosa baladí recordar cómo una vez atravesamos la marisma, desde Almonte a Sanlúcar de Barrameda, con mi tío José María QEPD; y cómo ese recuerdo permanece con fresca fascinación. Y es que ese Atlántico reticente que junta la tierra y el mar está en el Rocío. Y es capaz de juntarse con el Mediterráneo en Algeciras, dibujando toda una Atlántida de sabiduría ancestral; un tipo/arquetipo que se mantiene con todos los matices y vaivenes de un tiempo que, aunque se pierda, se encuentra.

Y digo yo, poniéndome en plan poético-esotérico:

¿Será que las marismas de Doñana algún día nos despejarán la incógnita de ese Tartessos que maravillaba a fenicios y griegos?

¿Será que Hércules vio desde cerca el jardín de las Hespérides luego de luchar con Gerión; y que esas Hespérides son las islas Canarias?

¿Será que Lucio Anneo Séneca, uno de los máximos patriarcas de nuestra filosofía, aun desde la lontananza cordobesa, intuyó a través de ese Atlántico impresionante, sabio y soberbio el camino de América cuando dijo que "Thule no será la última tierra"?

O a lo mejor será que estoy más inspirado de la cuenta y que estoy exagerando, como se nos presupone a los andaluces... Total, es lo que tiene ser del centro del Aljarafe, de ese cruce de caminos que es Bollullos de la Mitación, posado estratégicamente entre el Guadalquivir y el Guadiamar, con permiso del Majalberraque; uniendo la urbe sevillana con la inmensidad de Doñana en una llanura inmensa, siempre señalando al occidente. Y ese paisaje acaso aporta pensamiento de conjunto y sensación de inmensidad, que dijera Walter Schubart en su libro “Europa y el alma del Oriente” cuando comparaba a españoles y rusos. 

Sea como fuere, toda esta vivencia íntima me ayuda a comprender a España en clave atlántica; la misma España que vi desarrollarse a lo largo y ancho de América cuando fui emigrante en el Perú y así comprendí más y mejor mis estudios de historia de América en la universidad de Sevilla; la misma España cuya raíz he visto siempre en Roma y ello me han confirmado en todos estos años multitud de amigos y compañeros italianos. Ésa ha sido nuestra misión histórica: Unir el Mediterráneo y el Atlántico, y por ello llegamos a los confines del Pacífico. 

Hoy, “maleducados” por una leyenda negra que nos atenaza como pesada losa y presos por el peor gobierno en el peor momento, no somos conscientes del potencial que tenemos cuando somos el punto estratégico más grande del planeta. Por eso procuran propios y extraños a conciencia que el león ibérico no vuelva a rugir. No obstante, hay que hacer saber a todos aquellos que odian a España que al final, todo río vuelve a su cauce, y el camino del Atlántico siempre no señala unidad y porvenir. 

Te puede interesar

Lo más visto

Newsletter