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La historia contra el victimismo separatista

Memoria Histórica Nacional 10 de mayo de 2020 Antonio Moreno Antonio Moreno
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Desde los años 70 del pasado siglo XX, el separatismo se instaló en España como una dictadura de facto no sólo en Vascongadas y Cataluña, sino para mal de toda España, alienando y envenenando las mentes de un pueblo que en verdad, es mucho más homogéneo que lo que quisieran determinadas oligarquías. Precisamente por eso, el separatismo en España siempre ha tenido que ser violento, pues se necesita violencia para romper lo que ya está unido y lo que, de hecho, no existía como problema social. No es una cuestión de “folclore” o “historia”; como bien dice el sociólogo catalán Javier Barraycoa, el nacionalismo no se basa en la historia, sino que la parasita hasta donde puede inventar mitos excluyentes; pero cuando las mentiras son ya demasiado obvias, entonces apela al sentimentalismo, y como el “sentimiento” es algo a estirar como un chicle, sálvese quien pueda.

No obstante, si nos remontamos a los hechos históricos, tenemos que:

Fueron vascongados (y montañeses) los que ayudaron a Fernando III el Santo, con su habilidad marítima, a conquistar Sevilla a los almohades. 

Fueron los vascongados los que apoyaron a Fernando el Católico para conquistar Navarra.

Fueron los vascongados los que ayudaron a Carlos I de España y V de Alemania a vencer a los comuneros de la Corona de Castilla, perdiendo Castilla muchas de sus antiguas prerrogativas, las cuales se agrandaron para los vascongados. 

Fueron los vascongados (y los navarros) los más leales a la Casa de Borbón en la Guerra de Sucesión frente a las pretensiones austracistas; destacándose en esta guerra un Blas de Lezo que a posteriori pasaría a la historia por humillar a los británicos en su intento de tomar Cartagena de Indias. 

Fueron los vascongados y los catalanes grandes beneficiados de las políticas borbónicas del siglo XVIII. Para detrimento del floreciente monopolio andaluz-americano y de la florida presencia canaria en América, la Compañía Guipuzcoana de Caracas o las compañías comerciales catalanas alcanzaron grandes cotas de poder y dominio, que continuaron en Cuba hasta 1898. Y en el siglo XIX, el monopolio textil catalán y las fábricas vascongadas crecieron asombrosamente a costa del lino gallego o de la lana castellana. Toda España  estuvo obligada a seguir sus intereses. 

Y sin embargo, entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX se asoma un separatismo victimista que, sin apoyo popular y por la cortedad de miras de políticos apoltronados en Madrid, se instaló para dictar más y mejor al resto de España; en el caso vascongado, con paraíso fiscal incluido a costa del sudor del resto. Y como decía Javier Arzallus, unos movían el árbol y otros recogían las nueces. El árbol era movido por las bombas del terror separatista, y las nueces eran recogidas por el Partido Nacionalista Vasco, el mismo que usaba la esvástica como símbolo, el mismo que se rindió a los fascistas italianos traicionando a la II República; el mismo que se debe a la doctrina racista de un Sabino Arana al que Miguel de Unamuno calificó de “tontiloco” y que, como buen nacionalista, vivió y murió sin tener ni idea de historia.

Y para completar la tragicomedia, los separatistas de otras regiones que fueron y son perjudicadas directamente por las oligarquías separatistas de Vascongadas y Cataluña, se coaligan con ellos; eso sí, todos juntos hablando en la lengua de Cervantes, como los indigenistas en Hispanoamérica. Y así, quién sabe si pronto no formarnos una suerte de Unión de Repúblicas Socialistas “Latino-Indigenistas”… O el nombre que se les ocurra.

Que Dios nos coja confesados. Pero hablemos claro, por lo menos. Y no permitamos más que manipulen nuestra historia y nuestra identidad. 

*Imagen del artículo: https://laverdadofende.blog/2015/02/07/blitzkrieg-el-pnv-y-los-nazis-comunicado-euskadi-buru-batzar-tras-la-caida-de-francia-en-manos-alemanas/

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