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La imagen de Trump en España: Hechos frente a propaganda

Internacional 04 de mayo de 2020 Antonio Moreno Antonio Moreno
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Desde que Donald Trump se lanzó a la presidencia de los Estados Unidos, los medios de comunicación españoles, salvando honrosas excepciones, se dedicaron a lanzar una propaganda negativa no exenta de mentiras. Mal imitando el estilo del Partido Demócrata, los medios mayoritarios en España no apostaban un céntimo porque Trump llegase a la presidencia. Pero Trump llegó, y no por arte de magia, sino por la voluntad de los votantes estadounidenses. Y la actitud de esos medios (la mayoría encuadrados en el duopolio mediático, ya sea en Mediaset o en Atresmedia) fue la misma que la de los “social justice warriors” norteamericanos, esto es, patalear y lloriquear. Ellos, creyéndose los dueños de la opinión pública, no entendían cómo aquel hombre de negocios al que habían crucificado mediáticamente, sin embargo, ahora era presidente de la primera potencia mundial.

Con todo, estos cuatro años de Trump se han debatido entre propagandas y hechos. La propaganda en España, mayoritariamente, ha sido negativa. No sólo por parte de los periodistas, sino también de los políticos socialistas y comunistas que ahora ¿gobiernan? España. Tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias han calificado a Trump de “fanático” y “ultraderechista”, entre otras “lindezas”. El mismo Pedro Sánchez que le ha tenido que pedir ayuda con los respiradores que tanta falta hacen en España en plena crisis del coronavirus, cuya gestión es desastrosa y atroz.

Y es que al final los hechos son los que mandan. La experiencia vital y empresarial de Trump le facilita el entendimiento de la economía y los buenos asesoramientos, y así, ante el problema de la deuda y la deslocalización, una inteligente política fiscal ha atraído a numerosas empresas que habían abandonado Estado Unidos, lo que ha redundado en mucho más trabajo y por ende, mucho más consumo y movimiento. 

Tanto como se le ha acusado de “racista”, lo cierto es que los negros y los hispanoamericanos no han estado nunca en mejores condiciones. 

Asimismo, la administración Trump le ha plantado cara a la ideología de género, suprimiendo las financiaciones públicas a esa sucursal de la muerte que es Planned Parenthood (fundada en su día para perjudicar a la población negra) y apoyando activamente la causa provida, mayoritaria en amplios sectores de los Estados Unidos; así como está comprometido en la defensa de la libertad educativa frente a las pretensiones de un marxismo cultural que, poniendo la cara de ciertas personalidades del Partido Demócrata y de la farándula, y espoleando en las calles a imitadores de ciertos movimientos violentos europeos que se dicen “antifascistas” (los mismos que muchas veces han pretendido reventar mítines de Trump), abogan por llevar a Estados Unidos al socialismo justo cuando más y mejor se ven las terribles consecuencias del socialismo del siglo XXI, que ya está plenamente instalado en España con el empujón de Cuba y Venezuela. 

Lo cierto es que a pesar de la presión mediática, hay una parte importante del pueblo español que ve con simpatía a Trump. Que el desempleo esté llegando a cifras testimoniales en Estado Unidos mientras que España no logra salir de una crisis de 2008 que ahora se multiplica, siendo que el desempleo es un problema endémico desde finales de los años 70 del siglo XX y especialmente espoleado por la izquierda, hace que ya, por más que se pueda manipular la información, muchas cosas no se puedan disfrazar. 

Esa parte importante del pueblo español es la que empezó a reaccionar con patriotismo en octubre de 2017 frente al golpismo secesionista en Cataluña y que ha acabado agrupándose en torno al partido Vox, cuyo interés en mantener buenas relaciones con Trump debido a una evidente sintonía política es manifiesto.

Trump se lanza en este difícil año 2020 a la reelección. Sabemos que el mencionado duopolio español lanzará una campaña feroz contra él, pero las mentiras nunca podrán con los hechos.  Y es que además, Trump se ha convertido en un símbolo de alternativa en buena parte de Occidente, también en sintonía con las políticas de países como Hungría y Polonia. 

Al igual que en la primera elección tanta mentira tuvo el efecto contrario y provocó en los votantes la animadversión frente a las oligarquías mediáticas, ahora, ya con hechos y datos, la batalla se presenta dura, mas promisoria, porque ahora los mentirosos juegan con mayor desventaja tanto en Estados Unidos como en España. 

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